Señor director:
En tiempos de incertidumbre y desinformación, el ser humano recurre a lo más preciado: su fe. Fe que es esencial para no descender en espacios oscuros de la mente. Hoy la fe de los chilenos se encuentra en un solo nombre, aquel que concentra todo el poder que cualquier podría querer. Ese nombre, con luces y sombras, se encuentra cada día en las discusiones de mesas de té y onces de tarde. Vivienda, seguridad, economía y migración, todo aquello en lo que el chileno creía hoy está en las manos de pocos. ¿Es aquello justo?
Más allá de las diferencias políticas, la ciudadanía evalúa según los resultados obtenidos, y hoy es claro que las promesas de campaña ya vencieron. Gobernar implica cumplir los compromisos adquiridos y responder a las necesidades básicas de quienes entregaron su confianza. La aprobación ciudadana se gana con hechos, no con promesas.
Hoy, qué hay en el ambiente ¿decepción o una simple fe de que las cosas cambiarán?.
Antonia Saravia. Concepción.
